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Namaste MCA

El pasado viernes 4 de mayo nos enterábamos de una tristísima noticia en el universo intergaláctico de ceros y unos. Adam “MCA” Yauch, el bajista de los Beastie Boys fallecía tras luchar durante tres años contra un extraño cáncer de glándula salival. La lamentable muerte de uno de los primeros raperos blancos en la historia del hip hop ensombrece el mundo de la música y viste al rap más de negro que nunca por la desaparición, ironías de la vida, de un polifacético artista que con 47 años y más de 30 dandolo todo en escena sin duda tenía todavía mucho que escupir.

Adam Yauch es MCA en la música. Nacido en Brooklin, fundó junto a Mike D y Ad-Rock el grupo que durante más de tres décadas tanta diversión nos ha proporcionado. Desde 1979 Beastie Boys han traspasado las fronteras de los géneros y los límites de la originalidad con su música y espectáculo. Ya fuera en una lata de sardinas, en la boutique de Pablo o en tu propia cabeza, la banda siempre se las ha ingeniado para manipular con maestría la genética del rap creando un universo absurdo y psicodélico donde lo que importa no es la forma, sino la música. Y es que a través de 8 álbumes y múltiples colaboraciones los más gamberros del hip hop han derrochado un descarado talento en la técnica de samplear hardcore punk , rock,  jazzfunk y han demostrado creatividad y estilo con letras que aun siendo de lo más controvertidas han llegado a lo más alto, lo que los convierte en los raperos que hicieron llegar el rap a todos tipo de público.

Adam Yauch también es Nathaniel Hornblower en el cine. Además de dirigir con indiscutible genio los míticos videoclips de su banda, desde 2008 se hizo cargo de la promotora y distribuidora Osciloscope Pictures, responsable de películas de cine independiente como la recientemente premiada Tenemos que hablar de Kevin, de documentales como Gunnin’ For That #1 Spot sobre baloncesto o Shut Up and Play the hits sobre LCD Soundsystem o de producciones tan interesantes como Exit trought the gift shop sobre Bansky.

Pero además de sus facetas como artista creador, Adam Yauch también fue entrega y compromiso en sus principios. Tan entusiasta en el ritmo como por la causa, creó una organización benéfica en defensa del activismo preocupado por la ocupación militar del gobierno chino en el Tíbet llamada Milarepa. Con esta plataforma organizó el primer Concierto por la Libertad del Tibet, en 1996, en el Golden Gate Park de San Francisco y en los tiempos del 11-S celebró el acto benéfico Neoyorquinos Contra la Violencia, cediendo los beneficios al Fondo de Mujeres que han sufrido Catástrofes en Nueva York y a la Asociación de Nuevos Americanos de Nueva York, fundada tras el 11-S para nuevos americanos, ambas escogidas por su dificultad para obtener ayuda de otras fuentes.

Por defender la lucha, por su constancia en el arte y por su inalterable compromiso en esta vida, la marcha de Adam es solo un paso a un estado superior como icono de la música y su nombre se convierte en la leyenda de un gran hombre cuya sonada muerte no es más que el interludio de su sonora inmortalidad.

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